Ir al cine

Publicado: 1 noviembre, 2011 en Vida

Hola a todos,

Ayer fui al cine. No recordaba lo caro que salía ir a ver una película. Claro, con esto de poder adquirirlas de forma legal en tu casa, el hecho de ir al cine es una práctica que se ha ido alejando de mí con el paso del tiempo.

Pero no, decidir ver una película en el cine es como montar en bici, como conducir, como ligar… Son cosas que nunca se olvidan. Aunque con los precios que tenemos actualmente, bueno actualmente, en el pasado y seguramente en el futuro, es una decisión bastante importante que vas a tener que meditar durante algún tiempo antes de ir a verla.

Y es que ir al cine tiene muchos efectos colaterales, tal como ocurre con montar en bici, con conducir o con decidir ligar con una chica (o un chico en el caso de ser chica… o con… bueno,  a estas alturas de la vida cada uno sabe con quién quiere ligar). Estos efectos se traducen en múltiples decisiones que uno deberá escoger. 3D, 2D, palomitas,y bebida, en este último caso si las quieres grandes, pequeñas… En fin, que sales del cine y tu cartera pesa infinitamente menos de lo que pesaba al entrar.

Cuidado que salir del cine también tiene lo suyo y puede ser, creo, el efecto colateral más grave de decidir adentrarse en el misterioso mundo de ver una película en el espacio habilitado para ello, osease el cine. Pero esto lo contaré al final, ya que me gusta ir punto por punto, en progresión y de forma ordenada tanto al escribir los post como en mi vida (mentira, pero bueno).

Veamos, hemos decidido… ah se me olvidaba… (ahora entendéis de qué os hablo…) En el caso de decidir ir a ver una película es muy importante la compañía, la hora, en fin, decisiones y más decisiones que podrán hacerte disfrutar o sufrir una película. Esto es lo que pasa cuando uno escribe, le asaltan ideas, un caos que hay en la cabeza de uno que debería ordenar, pero en este párrafo no lo corregiré. Podría, pero no lo haré. Así veis cómo es un poco el proceso de elaboración de un post sin corrección alguna. Escribir según me dicta la mente, sin pensamiento, dejando libre el acceso entre mis subconsciente y mis dedos, sin que interfiera la parte consciente que corrige y ordena. Imagináos cómo sería la vida entonces…

En fin, ayer fui al cine. Estuve viendo Tintín. Sí amigos, Tintín. Y sufrí otro efecto colateral junto con las personas con las que fui, como el de situarnos en él único sitio que quedaba libre… la segunda fila. Error, nunca, nunca os pongáis en la segunda fila de un cine. Creo que de la primera ni hablo porque no sé por qué existe la primera fila. Ir al cine y sentarse en la segunda fila, incluso tercera es sinónimo de acabar con tortícolis. Tus pupilas fliparán con el cambio de contrastes rápido y en las escenas de acción ya no quiero ni hablar. Fue divertido, pero para nada sano. Quizás con unas copas de más… hubiera sido una gran experiencia, pero no.

Como decía anteriormente, salir del cine puede ser una experiencia amarga, o nefasta. Muy pocas veces es dulce porque, desde mi punto de vista, en contadas ocasiones se pueden ver en el cine películas tan grandes que te dejen con buen sabor de boca (hablo de 3 años a esta parte). Pero bueno, creo que dentro de lo malo es algo que todos hemos hecho alguna vez y que seguramente seguiremos haciendo tal como montar en bici, conducir o ligar con una chica, chico, animal o cosa 😉

Gracias por perder el tiempo conmigo,

Neme.

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