Juntas, por fin

Publicado: 9 febrero, 2011 en Relatos

Normalmente las mañanas son el peor momento para preguntar por la noche anterior. Como cada día, apenas tienen tiempo para hablar. El ritmo es demasiado rápido para detenerse a mantener una conversación. Ni el color rojo de la luz de los semáforos es motivo suficiente para darse un respiro.

Aunque no hace mucho que se conocen, han vivido numerosas aventuras juntas. Se han dado cuenta de que son inseparables, una unión perfecta que les hace felices. Es una felicidad a medias, ya que durante la noche sólo piensan en que llegue el día y así poder verse, pero cuando el día llega nunca tienen tiempo de hablar. Siempre para arriba y para abajo, siempre trabajando, siempre con prisa.

Parece que hoy, más que nunca, deben conformarse con observarse tímidamente por el rabillo del ojo. Después de una larga noche en soledad, pensando la una en la otra, ansiando el momento de volver a verse, deben seguir esperando el momento perfecto para iniciar la conversación con la que habían soñado. Pero todo está en su contra, el ajetreo de la gente, los empujones, el ruido y la lluvia hacen imposible detenerse ni un segundo.

Lo que no pueden imaginar es que hoy va a ser diferente. Sin darse apenas cuenta y tras un gran estruendo, vuelan por el aire dando decenas de piruetas descontroladas y agresivas. Es la misma sensación de cuando entraron en aquel gran tambor. Por un momento han perdido toda noción de la orientación. Sólo ven cielo y tierra, y aunque es a lo que están acostumbradas, en esta ocasión es todo muy distinto.

Rebotan por el suelo unos cuantos metros hasta toparse con el cuerpo sin vida de una persona. El azar ha querido que se posaran la una sobre la otra, pero aún así no son conscientes de su situación; están conmocionadas por lo sucedido.

Normalmente es de noche cuando no pueden moverse, cuando tienen que conformarse con mirarse desde una esquina de la habitación. Pero hoy todo el mundo las mira, o al menos eso creen desde su posición, a pesar del trágico accidente.

El cordón de su compañera resbala lentamente hasta posarse en ella.  Nunca antes se han tocado con tanta ternura, nunca antes han sentido esa sensación; un sabor amargo recorre el caucho y la tela del que están formadas.

Comienzan a comprender que la pérdida de quién las ha portado todo este tiempo significa su descanso eterno. Pero a su vez, un extraño cosquilleo alivia el dolor del fatal desenlace por sentirse finalmente juntas. Tras el ajetreo endiablado al que han estado sometidas diariamente por fin han podido encontrar la paz, una paz manchada por la muerte de quien las eligió para una nueva aventura, la aventura de su vida.

Gracias por perder el tiempo conmigo,

Neme.

 

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