La cámara

Publicado: 9 diciembre, 2010 en Vida

Mis mejillas reflejaban un color azul blanquecino sobre el que se formaban pequeñas láminas de escarcha blanca que se prolongaban hasta la punta de mi afilada nariz. Apenas podía ver nada, el dolor que me causaba tan sólo levantar los párpados un par de milímetros era indescriptible. No podía mover ningún músculo de la cara, notaba realmente cada centímetro de mi cuerpo congelándose lentamente. El aliento apenas producía vaho, síntoma de que el interior de mi cuerpo estaba a la misma temperatura que aquel lugar donde me encontraba.

Un lugar donde el polvo helado hacía imposible distinguir nada. No podía ver a más de cinco centímetros a mi alrededor, pero sentía que estaba colgada boca abajo por un gancho que me sostenía por los pies. Mis manos permanecían en cruz sobre el pecho repleto de escarcha.

Un estruendo comenzó a perforar mis tímpanos cuando el gancho por el que estaba suspendido se empezó a mover lentamente balanceándome hacia adelante. Pronto me di cuenta de que no era la única en aquel lugar cuando, lo que parecía ser una puerta, se abrío a unos metros dejándo entrar una luz rojiza y cálida. A mi alrededor se encontraban decenas de hombres y mujeres en la misma situación.

Dos figuras con aspecto humano entraron en la sala, iban vestidos con un traje de color verde manchado con restos de sangre. Se acercaron al hombre que estaba delante de mí y lo empujaron hacia la puerta. Inmediatamente me moví y todos los demás lo hicieron conmigo, fuimos arrastrados hacia el mismo lugar. Sin duda estábamos todos conectados en aquel raíl por el que se desplazaban los ganchos sobre los que estábamos suspendidos. Cuando el hombre salío de aquella habitación yo me quedé a las puertas de salir de la cámara en la que nos encontrábamos. Apenas pude ver nada del exterior puesto que cerraron la compuerta cuando el hombre salió. Estaba todo lleno de sangre, al minuto se escucharon gritos aterradores y el ruido de un motor que se fundía con la agonía del compañero que estaba delante de mí.

Sentí miedo, pensé que nunca lo contaría, pero me equivoqué. Hoy soy yo el hombre vestido de verde.

Gracias por perder el tiempo conmigo,

Neme.

Obra registrada en Safe Creative Registro de Propiedad Intelectual. Todos los Derechos Reservados.

Safe Creative #1012088032223

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comentarios
  1. Alba Alayón dice:

    Perder el tiempo con este tipo de cosas es GENIAL.

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