Altod

Publicado: 5 diciembre, 2010 en Vida

Hola a todos, hoy os voy a contar la pequeña historia de Altod:

A las afueras de una polvorienta aldea en el sur de África se encuentra nuestro protagonista, deseperado por conseguir que sus ovejas crucen el río antes de que caiga la noche. Altod es el hijo mayor de una familia de seis hermanos y cuando su padre fallece se ve obligado a cumplir con las responsabilidades patriarcales, sacando adelante a su familia en el oficio de pastor.

Altod debe regresar con las ovejas a su casa antes de que caiga la noche, ya que para alimentar a los animales debe adentrarse cada día en una de las selvas más peligrosas del continente. Cuenta la leyenda que al anochecer, el animal más salvaje jamás conocido por el ser humano despierta en busca de alimento, deborando así a cualquier ser vivo que se adentre en sus dominios.

Altod es un muchacho valiente y además no tiene muchas más opciones, de modo que cada día se sumerje en el manto verde de hojas y árboles que se levanta frente al río y junto a su aldea. Por la mañana se encuentra cómodo, pasea por la selva recogiendo algunos frutos y por la tarde se los come. Con el canto del Gontilo, un ave que hace las veces de centinela, recoge a las ovejas y comienza su camino de vuelta.

Pero aquella  tarde sería diferente, las ovejas se encuentran reacias a cruzar el río. El sol comienza a esconderse tiñendo el lugar de un color rojizo que sin duda, no augura nada bueno. Altod mira una y otra vez tras de sí, a la selva, cuyas sombras se tornan más y más oscuras.

Intranquilo, coge a una de las ovejas y la arroja al río esperando que las otras sigan su ejemplo. Nada más rozar el agua con sus patas una enorme boca, con aterradores colmillos colocados en perfecta hilera, sale del agua apresando a la oveja que desaparece entre las turbias aguas sin dejar rastro.

Altod retrocede, un descomunal rugido procedente del interior de la selva hace vibrar sus tímpanos. El sonido se hace cada vez más fuerte, cada vez está más cercano. El joven sabe que se aproxima, sabe lo que no debería saber. Las ovejas comienzan a balar incesantemente, el miedo recorre sus cuerpos. El muchacho se encuentra en una dificil situación, no tiene más opción que esperar o cruzar el río, sacrificando algunos animales o incluso su vida.

La gente del poblado comienza a aproximarse a la otra orilla del río, con antorchas, ante los gritos de auxilio de Altod. Tras explicar la situación en la que se encuentra, un hombre lanza al muchacho una antorcha que recoge rápidamente alumbrando con nerviosismo a uno y otro lado. Los rugidos del interior de la selva son cada vez más fuertes y cercanos, la gente se asusta. La gran mayoría sale corriendo dejando a Altod sólo ante el peligro. Su madre le mira con orgullo mientras camina directa al interior del río.

El joven se desespera por impedir que su madre continúe, instiendo a sus vecinos para que la detengan. Pero nadie hace nada, la gran mayoría a huído al escuchar el rugido del interior de la selva y los restantes permanecen impasibles ante la acción de la madre.

En un intento por detenerla coge una de las ovejas y la lanza al interior del río. Ésta nada desesperada hacia la orilla. Todo parece en calma, demasiada calma para el suceso que acababa de ocurrir. Su madre continúa andando hacia el interior. Apenas se distingue la orilla del agua, apenas se distingue nada. La oscuridad ha invadido por completo el lugar apagando incluso las antorchas de sus vecinos. El único punto de luz procede de la antorcha que sujeta Altod en su mano.

Una ráfaga de viento apaga su antorcha. El chico permanece inmóvil, todo está en silencio. Altod llama a su madre, le dice que se detenga pero no obtiene respuesta. Pronto advierte una extraña presencia cerca de donde él se encuentra. No siente a las ovejas, no siente el fluir del agua del río, su madre no contesta a su llamada y un gélido aliento resopla en su nunca. Altod permanece inmóvil, no sabe qué hacer, no puede hacer nada más que esperar. Todo está oscuro, no ve nada, no sabe hacia donde echar a correr.

Nota una mano fría, húmeda y pesada en su hombro. Una luz cegadora ilumina el paisaje antes de que Altod pueda girarse y contemplar quién está detrás de él.

Al día siguiente, en el lugar donde el chico quedó atrapado se encontraron marcas de ceniza sobre la tierra, tantas como ovejas había. El río estaba completamente seco y el esqueleto de una oveja yacía en su cauce. Nada más se volvió a saber de Altod ni de su madre. Sus hermanos fueron cuidados por los vecinos del pueblo que decidieron nunca más, volver a adentrarse en la selva.

Gracias por perder el tiempo conmigo,

Neme.

Obra registrada en Safe Creative Registro de Propiedad Intelectual. Todos los Derechos Reservados.

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