La última batalla

Publicado: 25 septiembre, 2010 en Relatos

Decenas, cientos de miles de guerreros dispuestos a luchar por la liberación de su pueblo, se habían reunido esa tarde en el Valle sin rostro ante la llamada de su rey Rodan. Durante décadas, habían sufrido el castigo de la fuerza oscura que los orcos, trolls y demás engendros de la naturaleza propiciaban en forma de muerte y tortura desde los bosques del abismo Ho-Masubi.

Montado en su gran caballo blanco, y junto a los comandantes de los diferentes territorios, representantes de los dominios de su imperio, Rodan miraba con orgullo al gran ejercito que había conseguido reunir aquella tarde. Su mirada no alcanzaba a contemplar la inmensidad de valorosos guerreros que aguardaban en silencio su decisión.

Era un rey poderoso que siempre había sabido cuidar de su pueblo. “Las injusticias de la vida se hallan en la percepción equivocada que cada individuo tiene de verla” solía decir. Rodan era de constitución fuerte, gran guerrero dispuesto a dar su vida por la gloria de su imperio. Vestido con el pesado uniforme habitual de las batallas, se mantenía firme sobre su caballo. Contemplando la llegada de las últimas tropas ante su llamada para la lucha. En su mano empuñaba una gran espada de plata. Forjada con fuego de dragón negro y enfriada en agua del lago de las hadas. Era la espada más veloz y mortífera que jamás nadie había visto. Su cabello largo y dorado acomodaba a la perfección el casco de combate que cubría casi la totalidad de su cabeza. En su frente, se reflejaba grabado el emblema de su imperio. Dos colinas entre las que nacía el sol.

Cientos de banderas de diferentes comarcas, hondeaban ante la suave brisa que hacía serpentear los emblemas de cada uno de los lugares de procedencia de aquellos soldados. Cada uno representaba una región, cada uno de ellos tenía sus costumbres, su forma de ser, de pensar, pero todos unidos significaban una sola cosa. El imperio de oro estaba allí reunido, preparado para luchar, preparado para castigar a aquel que durante años atormentó a las familias y a las gentes que forman este gran y próspero reino.

Rodan recordaba en silencio el momento en el que las criaturas despertaron, ante la llegada de la luz de fuego del cielo en una oscura y fría noche de invierno. Hasta entonces todo era paz y armonía. Pero la luz trajo consigo oscuridad, transformó el Bosque del Abismo en un lugar que engendraba bestias, los seres más peligrosos y despiadados que jamás nadie pueda imaginar. Hasta el día de hoy, han estado acudiendo para saquear, matar y sembrar el caos entre las gentes de Rodan.

Se habían librado cientos de batallas contra aquellas criaturas, a cada cual más sangrienta. Aquella tarde no sería una batalla más, sería la batalla de las batallas. Absolutamente todos los hombres, guerreros, muchos jóvenes, incluso alguna mujer que otra componían la gran marea humana, que sobre el valle sin rostro, esperaba la llegada de los orcos, trolls y demás seres del Bosque del Abismo para acabar definitivamente con ellos. Rodan estaba dispuesto a arrasar el bosque si hacía falta. Lo único que quería era encontrar la luz de fuego que hizo volverse a las criaturas en auténticos demonios de la naturaleza. Tan sólo esperaba devolver la paz a su reino. Una paz rasgada en ese momento por un cuerno de rinofante que estremeció a todos los allí presentes.

Desde lo más profundo del Bosque del Abismo que daba paso al gran valle sin rostro, se escuchó el grave bramido provocado por un cuerno de guerra de los orcos. Sin duda, sabían que estaban allí esperándolos para la batalla. Poco a poco se distinguía el caminar indisciplinado y caótico de aquellos seres acercándose al valle.

Rodan, junto con sus comandantes, había planeando este momento durante meses. De ello dependía caer en la esclavitud más absoluta y permanecer en el olvido eterno o  elevarse ante el triunfo de la victoria junto con sus hermanos, sus semejantes. Permanecer por ello en el recuerdo de generaciones venideras, como si fueran dioses, los dioses que un día, salvaron el imperio de oro de la temible mirada de la devastación.

Por ese motivo, el rey, cuya larga experiencia en batallas le había concedido el respeto y la admiración de su pueblo, había acordado mantener reservas ocultas de jinetes en lo alto del valle, protegiendo los flancos con el fin de aplastar por tres lados distintos a las bestias si fuera necesario. En realidad no sabía a lo que se enfrentaba, puesto que nadie que hubiera penetrado en el Bosque del Abismo, había conseguido salir con vida. Previsor, reforzó con catapultas las orillas altas del valle para fulminar a las terribles bestias. Mientras, él, junto a miles de soldados, esperarían frente a las puertas del bosque, en el valle, para librar la gran batalla.

Continuará…

Gracias por perder el tiempo conmigo.

Neme.

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