Un libro muy especial

Publicado: 20 agosto, 2010 en Relatos

Como cada mañana, Tom recorría las cuatro plantas del edificio mirando entre las estanterías, buscando alguna novedad o algún libro que no hubiera leído con anterioridad. Que le trasladara a cualquier mundo mágico habitado por dragones o apestosos trolls. Quizás a una gran guerra donde peligrosos piratas asaltaran grandes buques y escondieran sus tesoros en las islas vírgenes del caribe. Seguramente se había leído muchos de los libros de aquella vieja biblioteca.

Tom era un apasionado de la lectura, a sus cuarenta años era un soñador que sin trabajo y sin familia, intentaba cada día evadirse de la cruda realidad. Estaba sólo. Toda su vida había estado aislado y sus esperanzas por encontrar una familia con la que compartir sus cosas se empezaba a desvanecer. Quizás por eso le gustaba tanto leer; le hacía soñar.

Había asumido grandes roles como caballero templario luchando junto a leales compañeros, había rescatado a numerosas princesas de las garras de dragones tan grandes como aquella biblioteca. Sin duda había vivido cientos de aventuras, buenas historias que podría contar a alguien algún día, si algún día podía encontrar a alguien a quien contarlas.

Aquella mañana, Tom entró en la sección de antigüedades. La sala estaba decorada como si de un castillo medieval se tratase. La verdad es que la afluencia de lectores disminuía cada año y en la biblioteca hacían todo lo posible para captar la atención. A Tom le agradaba mucho la idea de ambientar cada sala con una temática diferente. Le hacía vivir más de cerca las aventuras en las que se sumergía. De modo que allí estaba, paseándose entre las diferentes estanterías en busca de algún libro con el que comenzar una nueva historia apasionante.

Se detuvo en una de las estanterías de la sala, un libro le había llamado la atención. Era antiguo, estaba medio escondido entre otros y acumulaba una gran cantidad de polvo en su portada vacía. Sin duda ese libro nunca lo había visto y por su aspecto llevaba mucho tiempo sin ser leído. De modo que se agachó hasta su posición y observándolo con curiosidad lo cogió.

Tom se incorporó con el libro entre sus dos manos. Aún no lo había abierto cuando sintió algo muy especial. Era como si el libro formara parte de él. Una sensación que no había tenido nunca, pero ese libro, su tacto, su aspecto, en definitiva todo le llamó la atención. Pasó su mano por encima para retirar el polvo que tenía acumulado y se percató de que no tenía título alguno. De modo que se dispuso a abrirlo.

Sorprendido al ver que las primeras páginas estaban en blanco, comenzó a pasar hojas, una detrás de otra, pero no había nada. Le parecía rarísimo que estuviera completamente en blanco. De pronto, cuando llegó a la mitad encontró algo escrito. Supuso que en ese momento comenzaba realmente el relato, puesto que echando un vistazo rápido al resto de páginas, todas estaban escritas. Nunca había visto nada igual y con curiosidad comenzó a leer.

“Sorprendido, Tom comenzó a leer cuando una mujer  se le acercó para preguntarle acerca de un libro…”. En ese momento, una señora interrumpió a Tom y le preguntó sobre el paradero de un libro. Éste le contestó amablemente y continuó leyendo. Pero pronto se detuvo. Se dio cuenta de lo que acababa de suceder y levantó la vista para observar a la mujer. Volvió a leer aquella frase: “Sorprendido, Tom comenzó a leer cuando una mujer  se le acercó para preguntarle acerca de un libro…”. ¿Habría sido mera casualidad? Continuó leyendo con atención: “Tom, sorprendido por el hallazgo y aún sin creérselo, volvió a mirar a la mujer, la cual contestó con una sonrisa amable…”. Levantó la vista y sucedió exactamente lo que narraba la obra.

Cerró el libro rápidamente. Se apoyó en una de las estanterías y se dejó caer suavemente hasta quedar sentado en el suelo. ¿Estaba leyendo su vida? Su futuro estaba allí escrito, pensó. Sin duda alguna no podía ser casualidad. La curiosidad recorría todo su cuerpo, necesitaba saber que más ocurriría de modo que, siguió leyendo comprobando que todo, absolutamente todo lo que ocurría, lo había leído en aquel libro.

Un pensamiento asaltó su cabeza; Si leía el final del libro podría conocer su destino, cómo acabaría todo. Necesitaba saber si saldría de aquella soledad en la que estaba inmerso. La única salvación de la que disponía era adentrarse en el mundo de la literatura y sin duda había encontrado el mejor ejemplar que podía tener; El libro de su vida. De modo que, apoyado en aquella estantería, abrió de nuevo la obra dirigiéndose a las hojas finales y comenzó a leer:

“Ante la mirada atenta de todos sus familiares; sus hijos y nietos, Tom se encontraba tumbado en la cama de una grande y lujosa habitación. Conectado a un sinnúmero de aparatos médicos que le mantenían con vida, miraba asombrado a su familia, como si aquella fuese la primera vez que los veía…”

Antes de concluir la frase Tom se sintió muy fatigado. Cuando separó su cara del libro, se encontraba tumbado en una cama, con numerosas personas a su alrededor, mirándole. Observó con detenimiento y varios cables le unían a unos aparatos médicos situados en el cabecero de su cama. Se encontraba en una lujosa habitación, muy grande y muy iluminada. Todas aquellas personas le sonreían y le miraban con dulzura.

– Papá nos vamos, mañana volveremos – Dijo una mujer bellísima mientras daba un beso en la frente a Tom.

– Algún día nos contarás qué contiene este libro del que nunca te separas… – Dijo el hijo de Tom mientras daba unas palmaditas a su padre para despedirse.

Uno a uno comenzaron a salir de la habitación. Tom no sólo estaba viendo el futuro, sino que lo estaba sufriendo. Se encontraba débil y agotado, pero sobre todo, se encontraba feliz. Sabía que la vida que llevaba cambiaría, formaría una familia y estaba deseando volver al pasado para vivirlo y disfrutarlo lentamente, segundo a segundo. De modo que cogió su libro, era hora de regresar. Abriéndolo por las páginas centrales para volver a la biblioteca, advirtió que estaba en blanco. Todas las hojas estaban vírgenes.

Busco y rebuscó por toda la obra, absolutamente todo en blanco, salvo las páginas finales. Páginas que sin duda anunciaban el final del relato, el final de su vida.

No se lo podía creer. Por una vez era feliz, tenía con quién compartir miles de cosas y le quedaban apenas un par de hojas para finalizar aquel relato. Cada segundo que pasaba se encontraba peor, sabía que el final estaba cerca y no podía remediarlo.

El joven que había dado las palmadas a Tom, entró de nuevo en la habitación, se había olvidado de su chaqueta. Desde la cama, agonizando y luchando por respirar, observó al que parecía ser su hijo. Cuando el joven le vio, gritó pidiendo ayuda y se acercó corriendo a la cama de su padre. Una enfermera entró en la habitación y comenzó a programar los aparatos que se encontraban en el cabecero del anciano que poco a poco fue recuperándose de aquel ataque.

Su hijo se agachó a recoger el libro que se le había caído a Tom durante el episodio. Lo abrió con curiosidad mientras su padre extendía una mano intentándoselo arrebatar.

– Está todo en blanco padre – dijo mientras seguía pasando páginas – espera, aquí hay algo escrito:

“Cuando levantó la mirada, se encontró con la de su padre clavada en él. Había sido lo último que había visto en vida y sin duda, esos ojos le visitarían cada noche en sus sueños más profundos”.

Gracias por perder el tiempo conmigo.

Neme.

Obra registrada en Safe Creative Registro de Propiedad Intelectual. Todos los Derechos Reservados.

Safe Creative #1008207097013

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comentarios
  1. bermudezz dice:

    Sin palabras, durante todo el tiempo que he estado leyendo el relato, me han estado dando escalofríos…..!Brrrrrrrr! !Que original!

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