Puerta al infierno. parte 1

Publicado: 11 agosto, 2010 en Relatos

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– … y como podrán observar, para nuestra primera prueba del SG-23 utilizaremos a uno de los presos que el programa Recycle nos ha facilitado. Se trata del preso nº 1986-S. Este sujeto asesinó a una familia compuesta por tres personas; Degolló sin escrúpulos a los padres y a su hija de tan sólo 11 años de edad. Hoy, gracias al programa Recycle, disponemos de sus servicios para testar el prototipo del Doctor Alan Birth… – Dijo un señor con bata blanca a un grupo de personas, no más de veinte, todas vestidas con traje negro y que impacientes, observaban la entrada de aquel preso a la sala de pruebas. Éstos estaban ubicados en una sala contigua, separada por cristales.

El lugar donde se iba a realizar el experimento era circular, iluminado por grandes focos que producían una luz intensa blanca. Estaba completamente vacío, salvo por el señor de bata blanca que estaba introduciendo el experimento y dos guardias de seguridad que retenían al preso, visiblemente nervioso.

El sujeto que iba a efectuar la prueba era de una estatura media, iba vestido con un mono de color amarillo y en su espalda se podía leer una R de grandes dimensiones. De este modo, identificaban a los presos que estaban dentro del programa Recycle. – … sin más, es un honor presentarles al Dr. Alan Birth y su SG-23 – continuó diciendo el señor de bata blanca, mientras dos gigantescas puertas se abrían dejando acceso libre a la zona de pruebas.

Lentamente aparecieron dos esferas gigantes. Eran del tamaño de un ser humano y cada una de ellas levitaba sobre una máquina que las empujaba y las sostenía mediante algún tipo de energía electromagnética. Los dos artefactos con sus respectivas esferas se situaron a unos 10 metros de distancia. Alan Birth entró en la sala seguido por una joven mujer, su ayudante. Los asistentes aplaudieron a través del cristal al doctor que, sonriente, pulsó un botón del intercomunicador que llevaba en su oído para activar el micrófono. – Gracias a todos – Alan esperó a que los aplausos cesaran y continuó diciendo – Hoy asistiremos al comienzo de una nueva era. Una era donde los SG-23 reescribirán el concepto de comunicación. Todos los presentes escuchaban con atención mientras el Doctor, con la ayuda de la joven muchacha, programaba uno de los aparatos que sostenían la esfera.

– De Nueva York a Hong Kong en apenas quince segundos – prosiguió Alan mientras todos los presentes, que observaban desde el cristal, quedaban boquiabiertos-. De Londres a Moscú en diez – continuó diciendo el Dr.

Se produjo un ruido en el SG-23 que estaban programando Alan y su ayudante. Era como si una gran masa de energía se estuviera cargando dentro de la esfera. Ésta se iluminó de un azul intenso y comenzó a producir ondas sobre ella misma. Los dos científicos se dirigieron al otro prototipo y realizaron la misma operación. Alan continuó su discurso: – Imaginen la posibilidad de viajar desde La Tierra a Marte en tan sólo un par de minutos. Los SG-23, desde hoy, dan comienzo a una nueva era. La era de la verdadera comunicación – finalizó su discurso mientras acababa de configurar la segunda esfera que se iluminó con una luz similar. El público rompió a aplaudir deseando ver la eficacia de estos aparatos.

Alan hizo un gesto a los guardias para que condujeran al sujeto a una de las esferas. Nervioso, no paraba de resistirse y forcejear con ellos, por lo que le redujeron con una pistola de electroshock dejándolo semiinconsciente. Acto seguido, le subieron a la plataforma donde se encontraba la esfera y le metieron dentro. El preso parecía estar flotando en gelatina.

– A continuación vamos a enviar al nº 1986-S al SG-23 que tienen ustedes enfrente. El viaje durará 15 segundos y el sujeto no sufrirá daño alguno como comprobarán – dijo el Doctor mientras pulsaba la tecla que iniciaba todo el proceso.

Las ondas de la esfera comenzaron a moverse y a chocar entre ellas a gran velocidad. La luz azul se hacía más brillante mientras un ruido que aumentaba de intensidad, como si de un reactor se tratase, obligaba a taparse los oídos a todos los presentes. Entre las ondas y la luz de la esfera, se podía distinguir al sujeto que semincosciente, comenzaba a desaparecer. Era como si la propia bola del SG-23 se lo tragase.

Todos los asistentes se levantaron de sus asientos, no se podían creer lo que estaban viendo. Aquella persona estaba desapareciendo. Alan miró a su joven ayudante con un gesto de confianza, la cual le contestó con una sonrisa de satisfacción, puesto que la primera fase del viaje estaba completándose con éxito.

La intensa luz que producía la esfera se apagó súbitamente. El ruido de energía descendió lentamente hasta dejar de apreciarse. El sujeto nº 1986-S había desaparecido. Un contador digital que estaba situado en una de las paredes y que marcaba el nº 15 comenzó la cuenta atrás. Los números descendían lentamente: 14, 13, 12. Todo el mundo estaba en silencio, expectante. Nadie se atrevía a pestañear. 11, 10, 9, 8.

La segunda esfera comenzó a incrementar el número de ondas. El ruido del reactor inició su peculiar sonido. La misma luz intensa del primer SG-23 se apreciaba ahora en el segundo. El cuerpo del preso se distinguía entre aquella masa gelatinosa. 5, 4, 3. La esfera parecía estar al máximo de su rendimiento mientras hacía que el preso apareciera dentro de ella.

El cronómetro marcó sus últimos números hasta llegar a cero. Entonces la luz dejó de brillar intensamente, el ruido se detuvo y las ondas volvieron a tranquilizarse y a chocar entre ellas con calma. En el interior de la esfera se encontraba el preso intacto. El público aplaudió como nunca antes lo había hecho. La compañera de Alan le miró con una gran sonrisa y éste le respondió inclinando su cabeza con gesto de triunfo.

Pero no todos estaban tan felices y alegres por aquel suceso. El sujeto 1986-s, aunque intacto, mostraba claros síntomas de agitación. Aún dentro de la esfera, la golpeaba de forma desesperada, como intentando salir de aquel lugar. El científico ordenó sacarle de allí. Salió temblando.

– Los he visto, vienen a por mí – dijo balbuceando – vienen a por mí y quieren matarme!

Los asistentes de traje negro se miraron extrañados por aquel suceso.

– Como ven, un éxito. Necesitamos realizar algunas mejoras en cuanto a la insonorización del SG-23, pero ya han visto, todo funciona perfectamente – dijo Alan restando importancia a la actuación del preso. Acto seguido dijo: – Ahora comprobarán que el retorno del viaje es igual de efectivo. Por favor, introduzcan al individuo dentro de la esfera.

El preso se volvió completamente loco, se negaba a entrar allí dentro. Los guardias tuvieron que utilizar la pistola de electroshock de nuevo, a pesar de que dos cargas seguidas no eran aconsejables para ningún ser humano. El individuo quedó semiinconsciente. Le introdujeron en el SG-23 del que acababa de salir y Alan programó el inicio del viaje. El cronómetro de la pared volvió a marcar el número 15 y todos observaron al preso, que había vuelto en sí, golpeando la esfera con los ojos aterrorizados.

Las ondas de la esfera comenzaron a agitarse, la luz azul brilló con fuerza y el sonido del reactor se puso otra vez en marcha. El sujeto estaba loco, parecía decir algo pero nadie le escuchaba. Golpeaba con fuerza la esfera del SG-23 mientras comenzó a desaparecer.

Todo se quedó en silencio, pasaron quince segundos y las ondas de la primera esfera comenzaron a chocar entre sí. La maquina de Alan Birth se iluminó intensamente. Todo el mundo esperaba su regreso. El proyecto del doctor Alan sería un éxito si lo conseguía.

El sujeto nº 1986-S apareció en el interior de la máquina. Estaba inmóvil. Los guardias le sacaron dejando tras de sí un reguero de sangre. Cuando le dejaron en el suelo, todo el mundo quedó confuso. No entendían lo que había sucedido. No comprendían por qué aquel sujeto estaba muerto. Tenía un corte profundo en el cuello del que brotaba sangre sin cesar.

Alan se echó las manos a la cabeza, salió del laboratorio seguido de su ayudante hasta llegar a otra sala. Allí se detuvo, inspiró lentamente y dijo a su ayudante:

– ¿Qué demonios ha sucedido?- Sin obtener respuesta alguna continuó diciendo – En los ensayos con objetos todo salió a la perfección… El gobierno no nos concederá otro sujeto Recycle… No me queda más opción, esta noche, probaré yo mismo el SG-23.

Continuará…

Gracias por perder el tiempo conmigo.

Neme.

Obra registrada en Safe Creative Registro de Propiedad Intelectual. Todos los Derechos Reservados.

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comentarios
  1. elcisnenegro dice:

    Aplausos, aplausos, aplausos. Una vez más vuelves a sorprenderme. Espero con ganas la continuación. Un saludo de tu amigo “el cisne negro”

  2. Anónimo dice:

    Muy bueno!, a ver si escribes pronto la continuación…

    Un saludo.

  3. bermudez dice:

    Ainssss, pero pq tienes que dejarnos con la intriga? 😦
    Está muy interesante, y el final es que no me lo imagino, tengo ganas de ver como termina 🙂 escribelo pronto porfa

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